Ismo lleva varios días escribiendo acerca de los genios. Yo pongo aquí una muestra en la que se puede ver y oir a dos de los grandes genios musicales del siglo XX. Sobre todo John Coltrane está que se sale.
Ayer hablando con MM, como buenos carrozones que estamos hechos, ella más que yo (vaya colleja me espera), acerca de las galletas Napolitanas. Me comentaba que ya no las venden como antes, igual de grandes. Me recordaba que estaban divididas por unos surcos para poderlas partir, pero que ahora las sirven en el tamaño de los surcos. Es decir que ahora ya no los hay.
Me vino al recuerdo las tardes de invierno en casa. Seis hermanos, aunque en este sentido diría cuatro, ya que los dos pequeños eran demasiado pequeños. Mi madre abría la caja y aquella misma tarde quedaba vacía. Las peleas por quien se quedaba con las de chocolate, o con las que tenían envoltura. Todo ello se desarrollaba mientras jugabamos a los juegos reunidos Geyper.
Jugabamos a todo, pero la gran estrella era la ruleta. Mi hermano mayor como siempre era el que se leía las instrucciones y los otros tres le hacíamos caso. Cuanto tiempo ha pasado desde aquello.
Al pishurra lo conocí este año en Sevilla. Ya habíamos chateado, enviado correos y escribirnos cada uno en el blog del otro. Siempre me fascinó, y lo sigue haciendo, la capacidad de síntesis que tiene. Su escritura es de lo mejor que puedes encontrar por este mundo de los blogs. A fin de cuentas, todos más o menos escribimos sobre lo mismo, sea real o fabulado, pero lo que destaca a mi parecer un blog sobre otro es como escribes. Pishurra está muchos peldaños por encima del resto, de casi todos nosotros. Te podrán gustar las historias que cuentan o no, pero como las escribe hay pocos/as que estén a su altura.
Y como siempre pasa cuando lo intuyes, dejas de lado ese talento narrativo en pos de una persona de carne y hueso, la cual está por encima de pronombres, adverbios y conjunciones.
Esta foto está sacada el día que lo conocí, y desde ese día tengo profesor de sintaxis y profesora de gramática. Y que no se me olvide. Quien quiera disfrutar de la lectura de sus relatos, el link lo encontrareis a la derecha. No hace falta decir el nombre.
Pedazo de disco que comento. Durante seis meses lo veía en la estanteria de la tienda de discos y me tiraba para atrás su precio, seis mil ptas. (Es doble). Había oído y leído maravillas de este pianista italiano. Mágico, de una técnica impecable. Sviatoslav Richter, considerado unánimamente el más grande pianista de la segunda mitad del siglo pasado decía de él que era un genio, un poco frío, pero un genio.
Cuando finalmente me decidí y lo compré, no llevaba ni el tercer preludio y me estaba lamentando de no haberlo comprado antes. Decir que es mágico es poco. Desconozco como transcribió a la partitura Debussy sus preludios y las anotaciones que haría, pero he escuchado cinco versiones diferentes y ninguna le llega a la suela del zapato. Hasta Richter me parece un vulgar aficionado, y no lo digo yo solamente, tocando esta piezas.
Esta grabación realizada en tres etapas diferentes, se compone de los dos libros de preludios y el "Children Corner". Son piezas cortas, de piano solo. Son evocaciones, recuerdos transformados en música por Debussy. Estas no están exentas de que para quien las ataca ha de tener una técnica esquisita, pero tienen la trampa de que si te dejas llevar únicamente por el virtuosismo, se convierten en frías y carentes de cualquier emotividad. Un poco lo que le pasa a Richter, aunque decir yo esto, peco de una gran inmodestia, ya que conozco ni de lejos un instrumento tan complejo como el piano. Mención especial para mi merece el cuarto tema, las colinas de Anacapri. Es un tema que evoca la niñez de Debussy jugando en esas colinas. Si lo escuchais contiene una alegría, una espontaneidad y una emoción únicas.
A modo de comentario, a finales de los noventa se consideró como una de las mejores grabaciones del siglo XX por la prensa mundial especializada.
Dicen que el único que te hace dudar de Dios es el Diablo. Si mi dios músical son los Smiths, el único que me hace dudar de tal divinidad es este malogrado genio americano con su único disco editado en vida.
La primera vez que lo oí fue en el programa Dialogos tres de Radio Tres que aún lleva Ramón Trecet (qué rítmica me ha quedado esta frase). Cantaba Je N'en connais pas la fin de Edith Piaf. Me gustó pero tampoco le hice demasiado caso. Más tarde pude escuchar, no recuerdo donde, este disco. Aprecié la calidad que atesora, pero tampoco le presté demasiada antención. Tuvo que ser un veintiocho de Diciembre, el año aún no lo tengo claro, que fui a Barcelona al cine con un amigo, eso es otra historia, y pasamos por una tienda de discos. Yo iba a comprar la grabación de una cantante francesa, no recuerdo ni el nombre de la cantante, y en el último momento lo vi en una estanteria y me decidí a comprarlo.
A la vuelta de ver la película, lo puse y el flechazo fue instantáneo. En los primeros acordes de Mojo Pin , se destacaba un melancolía, un desgarro, una sensibilidad casi únicas. Acompañado por una voz irrepetible, la emotividad está presente en toda la grabación. Quien haya escuchado esta aunténtica obra de arte, podrá ver que no es una obra homogénea en cuestión estilística. Las canciones tienen registros diferentes. Eternal Life, homenaje a Led Zeppelin, grupo favorito de Buckley está, canción de rock duro, está en las antípodas de Corpus Christi Carol, versión de una canción coral de Benjamin Britten. Todo el disco discurre de esa forma. Buckley tenía una capacidad de aprehender cualquier tipo de música que escuchase y le gustase que era algo fuera de lo común. La versión del Hallelujah de Leonard Cohen, supera con creces a la versión del autor. La letra es alucinante, pero después de escuchar esta versión, te deja la sensación que la canción estaba predestinada para que la cantara Jeff.
Mención aparte en este disco merece la canción que le da nombre, Grace. En todos los años que llevo escuchando pop y rock, con todas sus variantes, vocalmente todo lo demás queda a años luz de distancia. Reuniendo todos los calificativos antes mencionados, Buckley nos muestra una capacidad canora espectacular. Los registros que alcanzan son increibles. Puede parecer un ejercicio de virtuismo, pero no. Todo cumple su función a la perfección. Como antes había mencionado, la música de Buckley es desgarradora, y esta canción es su ejemplo paradigmático.
A modo de anecdota, este disco cuando me enganchó, lo estuve escuchando durante dos meses de forma ininterrupida cada día, y al menos dos veces. También cabe decir que la revista musical Mojo, que hace poco ha cumplido trece años de historia, ha elegido Grace como el mejor disco publicado en todo ese tiempo.
Hace unos meses, en el blog denostado que tenía anteriormente hablé de Dani. Era un amigo de juventud que un cancer se llevó con apenas treinta y cuatro años. Ahora mismo me estoy acordando de él. Cuando estaba casi en casa me he encontrado a un amigo con un semblante horrible. Me ha dicho hola y esas cosas. Después me ha soltado lo que uno nunca quiere oir: Esta mañana Olga, la hermana de Dani se ha matado en un accidente de coche. Eran dos hermanos, ahora no hay nada. Hace un tiempo leí que lo peor que le puede pasar a un padre o a una madre es enterrar a sus hijos. Me siento muy estúpido, y tengo motivos sobrados para estarlo.
no conforme, hizo que el haz de luz que había pasado por el prisma y había quedado dividido en colores diferentes pasase por el segundo prisma invertido respecto del primero, esto, hizo que los colores se unieran nuevamente y se produjera luz blanca.Gracias
Este no es mi disco preferido de Pat Metheny, pero fue el primero que escuché de él. Recuerdo las noches en casa del Capo. Con su infinita discografía fue el que me hizo descubrir realmente el Jazz y músicos tan ecléticos como Metheny. Recuerdo en encantamiento que produjo en mi un disco de Stanley Jordan, en el cual este utilizaba la técnica del tapping. Consiste en tocar la guitarra en el mastil de la misma, y producía una sonoridad que te daba la sensación de estar escuchando dos guitarras en vez de una. Capo insistía que estaba muy bien, pero que no dejaba de ser virtuosismo que se agotaba por sí sólo. Me recomendó este disco. Es el más rockero de Metheny.
Pat Metheny a la guitarra, Lyle Mays a los teclados, Mark Egan al bajo y Dan Gottlieb a la bateria, grabaron en 1979 una fusión de jazz en clave de rock. En este disco se puede apreciar uno de los leiv motiv presentes en toda la discografía de Pat Metheny, el virtuosismo acompañado de una sensibilidad sublime. Tocando su Gibson EG 175 de caja, el que conozca un poco la obra de este músico americano, reconocerá sus fraseos, y una prevalencia del gusto en pos de tocar miles de escalas en pocos minutos. La influencia de Lyle Mays en las composiciones se deja notar. Este pianista, el cual bebe de Bill Evans principalmente. Este pianista englobaba el gusto por los clásicos del Jazz con un conocimiento de la música de finales del siglo XIX, sobre todo Debussy. La sección rítmica, sobre todo Gottlieb es de base rockera. El contra punto de una base rítmica contundente, con nos muestra como en un mismo disco tienen cabida temas como The Search, sensible, sutil y American Garage, el tema más rockero que ha grabado Metheny en su extensísima carrera.
Como anecdota particular, el 10 de Octubre de 1989 vi por primera vez en Barcelona a Pat Metheny Group. Puedo decir sin ningún atisbo de duda que es el mejor concierto que he ido en toda mi vida. Dos horas y cuarenta y cinco minutos de música en mayúsculas. Lo he visto ya nueve veces en concierto y aún espero que él u otro músico me haga sentir los mismo que sentí ese día.
Desde el primer disco comentado hasta este pasaron varios años. Mi primer recuerdo de los Smiths viene del concierto de Madrid en San Isidro, año ochenta y cinco si no me equivoco, que vi por televisión una noche de mayo. Recuerdo como introducción de aquel programa de "La edad de oro" le preguntaban a la gente cual había sido su concierto favorito de San Isidro. Casi todos decían Smiths. Viéndolo con mi hermano mayor, le pregunté quienes eran. Él con cierto desdén me dijo: "un grupo que está de moda en Inglaterra".
Meses más tarde me llegó una cinta de radiocasette con el primer disco "The Smiths", y el que comento hoy. Me resultaron extraños. Yo estaba pasando un proceso evolutivo, musicalmente hablando, que implicaba escuchar Depeche Mode, New Order, Echo & the bunnymen ... y el paso de un rock progresivo asimilado desde niño, a un pop rock con diferentes tintes me resultó durante un tiempo algo confuso. Tuvo que ser uno tres años más tarde cuando llegó el enamoramiento. Sólo y abatido por diversas circunstancias de la adolescencia, practicamente me recluí en mi habitación con las letras y la música de este grupo y un diccionario. Nunca he llegado a conocer la lengua inglesa como en aquel tiempo, aunque en honor a la verdad tampoco era demasiado.
Para mi es EL DISCO. Lo contiene todo. Desde la primera canción que da nombre al disco, la cual es una crítica feroz a la monarquia británica a mediados de los ochenta, Inglaterra pasó una época convulsa "gracias" a la Dama de Hierro. La segunda riéndose de la fama efímera con una elegancia sublime. La tercera es el canto más desgarrado y conmovedor sobre el desamor que he oído en toda mi vida. Si calificaba a este como EL DISCO, I know it's over ES LA CANCIÓN. No es mi canción preferida de los Smiths, pero es su creación más grande.
Pasamos a la cuarta canción, de una simpleza embriagadora. Cementry Gates, la siguiente canción y que cierra la primera cara, sí, yo soy de la vieja escuela que ya tenía mucho camino recorrido antes de la llegada del CD, crítica a la prensa inglesa y auto parodia por las incontables referencias literarias de Morrissey en sus letras. Gracias a esta canción conocí a Keats y a Yeats, dos de los poetas más grandes que he leído nunca.
La segunda cara empieza con el celebérrimo Bigmouth Strikes Again, bailada por mi incontables veces, y que hoy en día me cuesta hacerlo, ya que habla de los maltratadores de mujeres. The boy with the thorn in his side relata la relación de Morrissey con sus padres, y otra vez con una poética sobresaliente. Llegamos a Vicar in a Tutu, gamberrada con tintes sexuales, marca de la casa. There is a lignt that never goes out es otro gran prodigio. Melodía embargadora, relata el optimismo y el desencanto de la adolescencia. Por último Some girls mothers ... nos muestra a Johnny Marr, guitarrista y compositor de la música del grupo en su salsa. Un arpegio mágico guia toda la canción para terminar con un disco irrepetible.
A modo de anecdota, indicar que en el año del lanzamiento de este disco, la revista "Guitar Player" lo eligió como disco del año. A primera vista resulta extraño, ya que no es un disco con grandes solos, pero el virtuosismo que muestra Marr como guitarra rítmico no tiene parangón. Sin lugar a dudas, es mi biblia musical, y I Know it's over es mi padre nuestro.