Todas las objeciones que se impone uno mismo siempre ha venido predeterminadas por los estados de ánimo. Son mayores en cuanto el pesimismo asoma por la puerta y menores cuanto el optimismo aparece. Ahora mismo estoy con la idea de cerrar este blog o dejarlo así, o seguir escribiendo. A más de uno le puede parecer extraño, y aún más manifestarlo abiertamente. También ahora mismo dudo en si dejar poner comentarios o no. Esto de los blogs es pura vanidad y cuando ves que en el tuyo te comentan 6 personas y en el de al lado 66 piensas en cómo lo hace. A mi esto último no me ha supuesto ningún problema, porque un leif motiv en esta existencia larga, hubo vida antes del blog aunque parezca mentira, siempre me he movido por una confrontación dialéctica. Sé perfectamente que puedo poner para no desagradar, para encantar o para disgustar. Sé también como desnaturalizar todo lo que pienso, pero como dice Polonio en Hamlet : ¿Cuántas veces con el semblante de la devoción y la apariencia de acciones piadosas engañamos al diablo mismo?"Ser o no ser, ésta es la cuestión. ¿Cuál es más digna acción del ánimo, sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, u oponer los brazos a este torrente de calamidades, y darlas fin con atrevida resistencia? Morir es dormir. ¿No más? ¿Y por un sueño, diremos, las aflicciones se acabaron y los dolores sin número, patrimonio de nuestra débil naturaleza?... Este es un término que deberíamos solicitar con ansia. Morir es dormir... y tal vez soñar. Sí, y ved aquí el grande obstáculo, porque el considerar que sueños podrán ocurrir en el silencio del sepulcro, cuando hayamos abandonado este despojo mortal, es razón harto poderosa para detenernos. Esta es la consideración que hace nuestra infelicidad tan larga. ¿Quién, si esto no fuese, aguantaría la lentitud de los tribunales, la insolencia de los empleados, las tropelías que recibe pacífico el mérito de los hombres más indignos, las angustias de un mal pagado amor, las injurias y quebrantos de la edad, la violencia de los tiranos, el desprecio de los soberbios? Cuando el que esto sufre, pudiera procurar su quietud con sólo un puñal. ¿Quién podría tolerar tanta opresión, sudando, gimiendo bajo el peso de una vida molesta sino fuese que el temor de que existe alguna cosa más allá de la Muerte (aquel país desconocido de cuyos límites ningún caminante torna) nos embaraza en dudas y nos hace sufrir los males que nos cercan; antes que ir a buscar otros de que no tenemos seguro conocimiento? Esta previsión nos hace a todos cobardes, así la natural tintura del valor se debilita con los barnices pálidos de la prudencia, las empresas de mayor importancia por esta sola consideración mudan camino, no se ejecutan y se reducen a designios vanos.
Primer disco en solitario de Tom Yorke, el cantante de Radiohead. Disco maravilloso y triste. El propio Yorke en una entrevista publicada este domingo en el País Semanal decía que no iba a poner las letras ya que es consciente de lo deprimente de las mismas. Es una paradoja que me encuentro con la música que me gusta. Me produce una felicidad inmensa y me recluyo en la misma. Estoy esperando el tren o dentro de él. Paseando por la calle, haciendo cola en la carnicería, o con el carrito en el super mercado. Siempre llevo música, absorto de lo que me rodea. Es una felicidad muy personal, para nada transferible. Cualquiera que escuche este disco y desconozca la trayectoria de Radiohead, encontrará algo que pueda producirle rechazo. Sus melodías son tristes, sin ningún tipo de concesión. El propio Yorke lo reconoce. Hasta que no se dedicó a la música su vida no había sido un camino de rosas. Plasma siempre sus obsesiones, su visión de la vida, amarga, bella y con ironía.